El 13 de agosto, un macabro hallazgo desencadenó un caso que ha cobrado una gran repercusión mediática. En una nave, tras un extraño incendio, aparecía el torso mutilado de una mujer oculto en una maleta. El estado del cadáver hacía muy complicada su identificación. Tras meses de pesquisas y análisis, César Román, apodado por la prensa como “El Rey del Cachopo”, huido desde julio y asediado por las deudas, era detenido y está siendo investigado por el presunto asesinato y descuartizamiento de su pareja sentimental.

En el 2015 César vivía su máximo momento de esplendor. Tenía cinco restaurantes, facturaba cerca de 5.000 euros diarios, era el centro de atención de la prensa gastronómica y los comensales hacían cola para ocupar alguna de sus bulliciosas mesas. Con un marcado acento emprendedor y grandes habilidades sociales llegó a trabajar en numerosos sectores. El Rey del Cachopo creó una revista en Málaga y llegó a militar hasta en 4 partidos políticos distintos. Su entorno lo define como a un hombre charlatan y hablador, muy seguro de sí mismo y siempre con un proyecto de negocio en la cabeza. Llegó a ser delegado sindical de Mercamadrid, el mayor mercado mayorista de España. En Zaragoza utilizó una identidad ficticia, se presentaba como un cocinero de origen venezolano enraizado en España. Llegó a presidir una asociación de comerciantes y fue recibido por las autoridades locales bajo su condición de líder asociativo.0

Las pistas, se configuran en contra de Román. Un taxista, declara que le recogió junto con una pesada maleta para llevarlo hasta las inmediaciones de la nave en la que fue encontrado el cadáver. Él era la única persona que tenía las llaves de acceso al local, cuya puerta no fue forzada en ningún momento. El acusado, sostiene su inocencia. Parece que ésta es la última parada de la carrera de César Román, un personaje que está acaparando titulares tanto por lo brutal del crimen como por lo pintoresco de sus andanzas.

Las circunstancias de su detención son una buena muestra de su forma de proceder. Después de reunir todo el dinero que fue capaz, liquidó sus cuentas y trató de malvender su material de hostelería. Encontró refugio en Zaragoza, donde se inventó una vida. Porque inventar es uno de los ejes de su carácter. Para poder justificar su ausencia de papeles y encontrar trabajo, Román acudió a una comisaría haciéndose pasar por un ciudadano venezolano que había sido víctima del robo de su pasaporte. Con la denuncia como prueba de identidad, consiguió trabajo como cocinero gracias a un currículo falso en el que aseguraba haber sido discípulo del famoso cocinero Arzak. Sin embargo, su red de mentiras y su nuevo aspecto (barba larga, menos peso y pelo rapado), no evitaron que la propietaria del restaurante le reconociera y avisara a la policía.

Betlem de Xativa - Belén de Xàtiva

Aunque nunca había llegado a extremos criminales, las andanzas vitales de César Román son una sucesión de acontecimientos extravagantes y de mentiras que, gracias a su labia y capacidad de convicción, conseguían generar confianza ante muchas personas. A medida que las mentiras iban cayendo, la confianza se tornaba en decepción y rabia. Siguió intentando hacerse hueco en círculos políticos marginales, con poca fortuna y con los primeros problemas de impagos y deudas. Al poco, se internó en el mundo de los negocios en la ciudad de Málaga. Su siguiente aventura fue en Madrid, donde comenzó a realizar trabajos como periodista y tertuliano en pequeños medios conservadores. Su siguiente reto supuso su gran éxito comercial: montar una franquicia de sidrerías cuyo plato estrella era el cachopo. Durante su etapa de “reportero” colaboró con distintos medios, aseguraba haber asesorado a George W.Bush y haber entrevistado a Jean Marie Le Pen, no había nada de cierto en eso.

Los que le han conocido hablan de una persona con afán de protagonismo. En los vídeos que circulan en la red (actos y presentaciones de su etapa de empresario), se muestra con un discurso sencillo y cercano, muy seguro de sí mismo. Pero su principal constante es la mentira. Mentía incluso a la hora de confesar su origen, que él decía vasco, pese a haberse criado en el barrio de Embajadores, Madrid.